jueves, 23 de julio de 2015

Un año...

Hace un año que podría catalogarse como el momento en el que mi vida cambió, no sé si para bien o para mal, pero lo que importa es que me siento mejor desde ese instante.  

Recuerdo la tarde en la que decidí no dejarme llevar por los demás, justo el momento en el que la rabia interna por haberme sentido como un tonto por enésima vez hizo su aparición y, a pesar de que no lo exterioricé, como de costumbre, cuando la maldita contractura (parece que sea la válvula de escape de todo mi malhumor) hizo acto de presencia, decidí retirarme del juego.

Y es que ya no era si importaba cómo se sentían los demás cuando yo estaba con ellos, ni cómo podía sentirme al formar parte de según qué tipo de situaciones, lo que me quedó claro es que no volvería a permitir que las acciones de según quién, me afectaran.

E hice limpieza, tanto interior como exterior, social y laboral, personal y demás.  Me planté.

Me llama mucho la atención la manera en la que uno se siente liberado cuando consigue deshacerse de vampiros emocionales y, peor aún: de las amistades por conveniencia (no la propia, está claro).

De vez en cuando, en esta vida te llevas gratas sorpresas y conoces a gente maravillosa, que te aporta todo lo que necesitas y te hace sentir bien, sin más, sin pedir nada a cambio, consiguiendo que el tiempo cronológico de unas semanas pondere más que el de algunos que llevan a tu lado prácticamente toda tu vida y no comparten más allá de cuatro burlas para pasar el rato.

A ellos, a los nuevos en mi vida, de esta vida nueva, quiero agradecerles el que estén a mi lado y me hagan sentir mejor persona, porque, como dijo Machado: te quiero no por como eres sino por como soy yo cuando estoy a tu lado.

Para muchos el año comienza tras la uvas, para mí el día de mi cumpleaños.


sábado, 25 de octubre de 2014

Platónicos, amarguras y dudas

Se escribe mucho sobre el amor, se canta, se sueña... se llora.  Pero cuando pensamos en él, se acostumbra a dar por sentado que es cosa de dos; raras veces se habla del amor platónico, de esos "amores de segunda categoría" que casi ridiculizan a quien lo sufre.

Y es que dentro del amor no hay mayor desgracia que la del no ser correspondido.

¿Cuántas horas de desvelo acompañan a esos momentos de desencuentro? ¿Cuántas lágrimas visitan al pobre desdichado que atraviesa esa etapa? ¿Y los nervios que se disimulan cuando está junto a su amor imposible?

Cuando se da la lucha por perdida, una vez gastado todo el arsenal de encantos y maravillas de las que disponemos, acostumbra a llegar la autocompasión poco antes que el de la rabia hacia "la víctima".  Se intenta poner distancia, con escusas al principio y malos modos a medida que el tiempo pasa... hasta que solamente quedan dos opciones: o confesarse o callarse y esperar a que se pase.

En el caso de que se opte por lo primero, hay que estar más que mentalizado de que con toda probabilidad se va a recibir una calabaza del tamaño de Brasil, puesto que de haber sido algo recíproco no se hubiera llegado a esa situación.  Si, por contra, la segunda opción es la elegida, esa agonía puede alargarse por bastante tiempo.

Tras la temida pregunta "¿no me quieres?", nos arriesgamos a como dice el chiste, recibir la respuesta-pregunta a lo gallego: ¿miento o soy cruel?

Vivimos en una etapa social en la que parece que estamos demasiado bien solos, pero, ¡¡!ay cuando llega la noche!!!  ¿Para qué queremos ser tan autónomos si cuando nos hacemos daño a quien primero llamamos es a nuestra madre?

Podemos convencernos de que lo que tenemos es lo que queremos, pero, ni tan en el fondo ni es tan temible secreto el que en realidad, somos más dependientes de lo que nos creemos.

La vida pasa rapidísimo, en serio, creo que es mejor no dejarse llevar por la indecisión o el maldito "¿qué dirán?" que no consiguen más que condicionar y amargar.  Que sí: perfecto, que no: perfecto también.  El día de mañana, cuando demos el último suspiro, será demasiado tarde para arrepentirse o actuar en consecuencia.

Pocas veces nos cruzamos con alguien lo bastante interesante como para tirarse a la piscina, pero, mi humilde consejo es que si sospechas que lo es: lánzate.  Sinceridad y valentía.  Con dos cojones.








sábado, 27 de septiembre de 2014

Vicente y Rubén

Si mi mente no me engaña, a estas alturas en el año del 2007, comencé a escribir "Ilusiones de marfil" sin imaginar que aquella novela sería la primera de muchas otras historias, dos ya publicadas y una cuarta que está en camino.

Hoy la he vuelto a releer y a pesar de que está escrita en clave de humor (fue mi máxima aspiración: mínimo conseguir una sonrisa del lector), el sentimiento de tristeza  de Vicente por no creerse correspondido, es evidente.

Vicente y Rubén, una pareja como tantísimas otras que están juntos tras vencer inseguridades y el miedo que produce el sentirse rechazado.

¿Cuántos como ellos habremos conocido a lo largo de nuestra vida? ¿Cuántas parejas no lo son por el hecho de no afrontar una realidad tan clara como el querer y dejar quererse? ¿Cuántas veces creemos en esta vida que nos toparemos con alguien lo bastante interesante como para lanzarse a la piscina?

A veces me da por pensar que estamos tan cómodos con nuestras vidas independientes que no hacemos caso a lo que nos rodea, en cambio, resulta de lo más fácil quejarse de ello cuando nuestra soledad no es elegida.

Es la tónica en nuestra generación.  Ya no somos solterones treintañeros, que va, ya verdaderos cuarentones con las mismas necesidades e ilusiones de adolescente a punto de descubrir el amor.  Que sí, que independientes, capaces y bla bla bla, pero a la hora de la verdad, en la noche de tu cumpleaños o en Nochebuena, cuando estás solo cenando en la mesita del sofá, incómodo, intentando convencerte de que es así porque así lo has decidido, es inevitable que cierta añoranza ronde por tu cabeza e incluso hagas un pequeño repaso mental sobre las personas que se han cruzado por tu vida.

Por la mía han pasado buenas, buenísimas personas, pero también malas, aunque para mi suerte, solamente han sido un par que merezcan tal adjetivo.  A los primeros, me alegro muchísimo que hayan rehecho su vida y sean felices, todo lo que yo no supe o pude hacerles, a los segundos, sacando partido de este idioma nuestro tan y tan rico: que les parta un rayo.

Se acerca mi cumpleaños, serán ya cuarenta y tres, pero si me preguntáis cómo me siento, la respuesta es sencilla: igual de ilusionado que cuando cumplí los veinte.  Seguiré solo y ni siquiera lo celebraré sentado, que va, fijo que lo haré de pie delante del fregaplatos... una manía que no he conseguido quitarme de encima cuando estoy solo.

Y a ti, Rubén, el que seas, es una lástima que no se de la ocasión, te querría mucho.  Lástima que no te conozca.




sábado, 17 de mayo de 2014

Durante la creación...

Muchas veces me han preguntado si me resulta fácil crear una historia, cosa que me deja un poco pensativo y no sé realmente qué contestar.

No siempre es fácil encontrar un argumento o hacer que las piezas encajen.  En mi caso, puede ser que el capítulo que pensaba que sería el tercero termine siendo el primero o, como pasó en mi segunda novela, el último. Lo que es cierto es que mientras me encuentro dentro de éste  proceso, me es muy difícil salir de la trama, aunque no esté delante del ordenador.  Es como si por una temporada llevase una doble vida.  

Hablándolo con otros escritores, me sorprendí por la facilidad que algunos tienen a la hora de "desconectarse" en el mismo momento que apagan el ordenador.

Tampoco es que me ponga delante de la pantalla y escriba horas y horas, en absoluto.  Estoy ya en mi cuarta novela, pero  hasta que "la inspiración" me ha visitado, os aseguro de que han pasado varios meses sin que abriera el Word.

"No" es lo que normalmento contesto a la pregunta que ha dado el inicio a esta entrada.  Pero claro, es una conclusión a la que llego cuando he podido poner el "Fin" a la historia.  Si repaso mentalmente las horas de trabajo, posiblemente debería afirmar que sí, que lo es, pero como en resumidas cuentas lo que importa es el final, cerrar la novela resulta sencillo... total: son tres letras...


domingo, 16 de marzo de 2014

El final de Amarel.lo Bar


Si no recuerdo mal, la primera vez que pisé el local Amarel.lo, fue en enero de 2008.  En aquella época se llamaba Lateral y, desde aquella noche, supe que aquél sería mi lugar, mi refugio.

Enfrente del lavabo, junto al pozo, era el sitio donde podías encontrarme.  Me encantaba aquél local, con sus paredes de piedra, suelo de madera, vigas antiguas y la vieja piscina en la que, originalmente, desmoldaban las estructuras de escayola.

Cada jueves, acudía a tomarme unas cañas y con el paso de los días, entablé amistad con el antiguo propietario.  Realmente fue una buena época.  El día que me enteré que cerraban, lógicamente sentí que algo de mí desaparecería y, con un gran esfuerzo, decidí llevar las riendas del local para que no se cerrara.

Vino el cambio de nombre, intentando desvincular la mala fama que el establecimiento se había creado... Tras horas de trabajo, limpieza, ayuda de amigos que consiguieron devolver la maravillosa atmósfera del lugar, llegó su inauguración.

La noche antes no pude dormir... ni la posterior, ya que era el inicio de horas y horas de trabajo y dedicación para el local que me enamoró a primera vista.  No fue sencillo, pero tras un primer año fue posible contar con un ayudante los fines de semana y pude trabajar mucho más relajado.

Al principio, la intención no era que funcionara como restaurante, pero, tras escuchar las críticas (siempre fueron constructivas) de los clientes y amigos de confianza, la carta gastronómica fue mejorando y aumentó su oferta.  La zona de barra, nunca acabó de funcionar como tal, los clientes preferían quedarse en las mesas y disfrutaban de sus conversaciones bajo un nivel de música acertado.  Era muy gratificante ver cómo semana tras semana, pasó de ser un lugar más a ser el "refugio" de mucha gente.  Lo mismo que me había pasado a mí en su momento.

Parecía que el local comenzaba a levantarse.  Lo curioso, es que a pesar de que jamás fue un lugar de máxima afluencia, todo cliente que venía, terminaba repitiendo.  De hecho, si ofreces al cliente lo que necesita: limpieza, calidad de productos y un buen ambiente, es solamente cuestión de tiempo. 

La calidad de la carta siempre fue primordial, habiendo poquísimos platos (tres, para ser exactos) que procedían elaborados.  

En la hora de copas, procuré elaborar una amplia lista de cócteles y los típicos gintonics para que todo el mundo tuviera una extensa oferta.  El tiempo aproximado de elaboración de cada uno, rondaba los cinco minutos, con una presentación que siempre busqué que fuera diferente.

Y se logró: Amarel.lo funcionaba.  Lejos de grandes beneficios o tumultos, pero de si algo estoy orgulloso, es de que en cada evento importante de la ciudad (Girona temps de flors y Fires de Sant Narcís), absolutamente todos los clientes habituales (aproximadamente 150), acudían religiosamente.

Críticas escelentes en Tripadvisor colocó a Amarel.lo en la segunda posición de popularidad, haciendo que muchos se interesaran, especialmente turistas de fin de semana.  Hablar inglés y francés fue un punto a mi favor, ya que me aseguré de que los extranjeros, no se sintieran como borregos siguiendo una guía turística.

Quizá la anécdota más tierna fue la de un matrimonio joven, con dos hijos, visitaron Girona por la exposición de flores.  Entraron su primera noche por casualidad y de sus cinco salidas a restaurante, cuatro fueron en Amarel.lo.  Era la primera vez que hacían una escapada desde que tuvieron a sus hijos y me pareció lo más tierno del mundo.

Era muy raro que quienes visitaban el local por primera vez no repitieran.

Pero como es lógico, trabajar un promedio de 15h entre semana y 18h los viernes y sábado, terminaron pasándome factura: acabé exhausto.  Ya no era aquél adolescente que trabajaba en una gasolinera y en una discoteca cinco días a la semana prácticamente sin dormir.  A los cuarenta años,  mi genética dijo "basta".

No era el típico caso de matrimonio que trabaja conjuntamente y termina en divorcio, no, los problemas de pareja se quedaban en casa y en Amarel.lo, estuvo estipulado desde un primer momento cuál era el lugar de cada uno.  Dejar el local tras tanto esfuerzo y horas de trabajo, fue la decisión más difícil que he tomado nunca.

Desconectar de todo aquello restultó difícil, pero lo acepté y sigo con mi vida.

He pasado esta semana por la calle del bar, hacía meses que no lo hacía.  Desde la puerta de cristal he visto que ya no hay nada de lo que era y, en mi interior, algo se rompió.  Aunque hace más de un año que estoy desvinculado del proyecto, por mucho que otros propietarios abran, cambien el nombre y lo decoren de forma diferente, aquellas paredes serán mías para siempre.

El día que se vuelva a abrir, será fantástico, volveré a pasar grandes momentos disfrutando de lo que siempre ha significado para mí: mi refugio, mi sitio.

 

 



 





jueves, 20 de febrero de 2014

Utopía

Según la RAE:  utopía o utopia.

(Del gr. οὐ, no, y τόπος, lugar: lugar que no existe).
1. f. Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.

Podría decir que durante los primeros 36 años de vida fui un completo analfabeto de la realidad gay y, en ocasiones,  incluso rechazaba todo lo relacionado con la temática LGBT.  No es ningún secreto: creía que ser homosexual era simplemente un contínuo intento de aceptación por parte del colectivo heterosexual.

Viví todo los años de mi adolescencia en un pequeño pueblo cercano a una pequeña ciudad en el que, tengo que admitir, jamás noté ni un ápice de discriminación por el hecho de ser gay.  Sí, nunca he ido con una bandera del arco iris en la mano, pero tampoco me he escondido.  Como decía Mecano en una vieja canción: "si no gusto, ya sé lo que hay que hacer".

Veamos, me siento afortunado porque siempre he contado con la total normalidad por parte de mi família, en especial por mi padre que, al principio le costó más el hecho de aceptar el no habérselo contado antes que el que me gustaran los hombres... ¡llegando a participar en coloquios de radio y grabándome el porno que una vez al mes, emitían en la tele! 

Reconozco que el día que me ofreció la cinta de vídeo, el escandalizado fui yo.

Incluso hoy en día mis sobrinos ni siquiera cuestionan el hecho de conocer a alguna de mis parejas.  Para ellos es lo más natural del mundo: a su tío le gustan los hombres y punto.

El hecho que ha motivado esta entrada en el blog, es que me encuentro en medio de una cuarta novela y, para no repetir historias, estoy haciéndome todo un experto en cine de temática LGBT.  Habré visto ya cerca de 170 películas y, de todas ellas, me he quedado con 25 que, bajo mi punto de vista, relatan una realidad diaria del colectivo fuera de todo estereotipo.

De las 25 que he marcado como "favoritas", hay dos que me han llamado la atención por plasmar una utopía de la forma más natural del mundo: dos hombres, un pequeño pueblo y la aceptación por parte de los habitantes.  La primera es "Big Eden", la segunda "Arizona Sky".

Dejando a un lado el bajo coste de las producciones que acostumbra a venir de la mano de este tipo de películas, "Arizona Sky" consiguió hacerme llorar como si estuviera pelando la más cruel de las cebollas... vamos, me desconocía.

Tras verlas un par de veces porque, aunque puedo decir que mi nivel de inglés es bastante bueno, no alcanzo a entender el 100% de las conversaciones, me ha llamado la atención que a pesar de haber sido catalogadas como tales utopías, es la realidad que llevo viviendo en mi pueblo de 1100 habitantes.

Mi hermano Javier me invitó a comer a su casa con la excusa de ver un documental sobre profesionales abiertamente homosexuales de cine, televisión, periodistas...  De todos los testimonios, hubo una  Drag que dijo una verdad como un templo: quienes iniciaron la revolución tras los hechos de Stonewall, no fueron los gays, lesbianas o trans, fueron centenares de Drags que, armadas de pelucas y extremado maquillaje, pusieron a toda la comunidad LGBT en el mapa.  Así que ya podemos estar bailando medio desnudos encima de una carroza el día del Orgullo que sin ellas, hoy en día no estaríamos aquí.

Sin duda, todo lleva su tiempo.  Paso a paso.  Mejor que nos preocupemos por la discriminación en países en los que está penalizado ser un humano que ama a otro en lugar de perder el tiempo creyendo que el vecino nos mira mal.
















lunes, 13 de enero de 2014

Libros en papel

Es ya un clásico el que se hable de libros digitales.  Yo mismo, compro poquísimos en formato físico desde que me hice con un Ebook.  No obstante, tengo que reconocer que el papel sigue teniendo su cosa.

A través de las páginas de Facebook de las dos novelas, me han llegado cientos de consultas sobre la edición en papel, y, tras pensarlo, llegué a la conclusión de que no se podía dar la espalda a la posibilidad de sacar ambas ediciones.


Han pasado cinco años desde que terminé "Ilusiones de marfil", y, durante todo el mes de diciembre, tras lidiar crueles batallas con el programa Word y convertirme un experto de la maquetación (sí, sí, vamos, ahora entiendo el trabajo de un maquetador...), puedo decir que he conseguido un buen resultado.  



Esta misma semana ya aparecen en Amazon las dos novelas en formato físico, y no puedo evitar sentirme orgulloso de ver en papel todo el trabajo realizado.

A pesar de que soy fan incondicional del Ebook, recibir las novelas de prueba me encantó.

Ya que estaba, he subido a la web de Casa del libro "Ilusiones de marfil".  Me llegaron mensajes de usuarios de "Tagus" comentando que era incompatible con la versión de Kindle, así que esta misma semana, estará disponible para ellos.

Os dejo el link de Amazon.




Al hacer click en las novelas, ya aparece la opción en papel.