miércoles, 6 de febrero de 2013

Entrevista en Shangay


Sergi Férez - Optimismo frente al dolor

 

Por Pablo Giraldo, Revista Shangay

 

En las páginas del libro ganador del XIV Premio Odisea se intercala el recuerdo de un trágico amor con la ilusión de otro que nace. Lo que queda de mí comienza como una elegía para acabar siendo una romántica novela de amor que invita a afrontar con optimismo el duelo por la muerte de un ser querido.




Si la pérdida y el dolor han sido dos motores creativos a lo largo de la historia de la literatura, la de temática gay no iba a escapar de ellos. La última novela ganadora del premio Odisea, Lo que queda de mí, se nutre del desconsuelo por la muerte de un ser querido para lanzar un mensaje de aliento: es posible sobrellevar el duelo de una forma diferente a la habitual para reemprender nuestra vida con el menor daño posible. Esa era la idea de su autor, el psicólogo Sergi Férez -que en 2012 también publicó en Internet Ilusiones de marfil, novela en clave de humor disponible en e-book-. "Me interesaba reflejar la superación de las diferentes fases del duelo. Tenía ganas de ofrecer una mirada optimista frente a un tema tan duro como es la pérdida de un familiar, por eso, y a pesar de que es triste, la novela siempre resulta esperanzadora. Quisiera que algún día se me recordara como el que escribía historias optimistas. De la parte negativa todos somos conscientes, pero no todos ven el lado positivo de las cosas".


El protagonista de Lo que queda de mí, Eric, es un diseñador gráfico económicamente bien posicionado al que, sin embargo, la vida le ha dado más de un duro golpe. Además de ser huérfano y haberse criado entre un convento de monjas y un centro de menores en Barcelona, lleva tres años intentando superar la trágica muerte de su novio, Ángel, cuyo recuerdo le impide rehacer su vida sentimental. Entre mudanzas, conflictos con la familia del fallecido, el apoyo de sus amigos y la compañía de su perro, los recuerdos de su pasada vida en común -narrada en plan Tal como éramos, desde el día en que se conocen hasta su fatal final- van y vienen con la misma facilidad con la que poco a poco se enamorará de Ricard, el hombre al que acaba de conocer, destinado a marcar un punto y aparte en su futura vida sentimental. "Solo cuando acepta la pérdida es cuando Eric vuelve a entregar su corazón", explica Sergi. 

Por lo bienintencionado de ese mensaje, su autor reconoce que Lo que queda de mí es una novela mucho más optimista que realista, una suerte de tratado ejemplar sobre cómo deberíamos lidiar con la tragedia cuando esta nos llega de frente. "Realmente, el duelo nos afecta muchísimo más, y no lo solemos llevar con la misma valentía que Eric; pero esa debería ser la manera de afrontarlo. Meterme en la piel del protagonista y enfocar su superación ha sido relativamente fácil, ya que como psicólogo, hablar de la muerte para mí es un tema bastante natural y nada pasional. Aunque es cierto que se frivoliza mucho, la muerte de alguien cercano sigue siendo un tabú, porque, como es lógico, nadie quiere pasar por eso. Además, el duelo es una etapa bastante egoísta, porque nos duele más cómo nos sentimos nosotros que el hecho de que se haya ido una persona querida y lo que representaba". Por eso, para superar la muerte de su novio y seguir adelante con su vida amorosa, Eric sabe que debe aceptar su ausencia y acostumbrarse a vivir sin él. De ahí que, a pesar de las heridas emocionales que arrastran sus protagonistas, Lo que queda de mí sea una novela bastante más romántica de lo que cabría esperar. "Quería explicar que, más allá de una pérdida, la vida sigue y el amor siempre está ahí, tengamos la edad que tengamos".

Por su temática, Lo que queda de mí viene a marcar un contrapunto en el historial de premios Odisea, comúnmente dominados por novelas más románticas, sexuales o reivindicativas. Al fin y al cabo, su autor es de la opinión de que muchos de los tópicos asociados a la temática gay ya deberían estar superados desde hace tiempo. "Hubo quien se imaginaba que la muerte de Ángel estaba relacionada con el sida, lo cual no deja de ser una opinión marcada por los prejuicios. La banalidad, la frivolidad y el libertinaje sexual son los tópicos que más me suelen molestar si hablamos de temática LGTB". Y si algo pretende Lo que queda de mí es huir de todo eso. "De hecho, solo aparece una vez la palabra polla", bromea. "Pero no por puritano, aquí hay sexo, pero con otro estilo. También es una manera de ampliar el perfil del público potencial de la novela, me molestaría que quedase reducido al lector homosexual".




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