miércoles, 20 de febrero de 2013

Lo que queda de mí, por Rafael Arribas




No es un tema habitual en una novela gay hablar de la muerte de un ser amado. La superación de la tristeza tras la pérdida de su novio es para Eric el leitmotiv de Lo que queda de mí, flamante obra galardonada con el Premio Odisea a la mejor novela LGTB del año. Un libro que rompe de alguna manera con la tradición que reviste a este tipo de premio, volcado por lo general en temas más "ligeros".

Eric es diseñador gráfico. La vida le ha tratado bien en el aspecto laboral -su desahogo económico es evidente-, pero, a cambio, le ha asestado más de un duro golpe desde su más tierna infancia. Huérfano, criado en un centro de menores y educado en un colegio de religiosas en la Ciudad Condal, Eric lleva intentando superar la ausencia de Ángel, su novio, cuyo recuerdo le persigue, impidiéndole rehacer su vida y también sus sentimientos.

Lo que queda de mí es un alegato mucho más optimista de lo que a primera vista pudiera parecer. Es, además, un libro pensado y vitalista, conmovedor y pasional, agudo y, por encima de todo, sincero. Un libro sobre la vida después de una muerte y que se aleja de los tópicos que suelen adornar a los productos literarios de temática gay -banalidad, frivolidad, promiscuidad…-. Por fortuna, todos ellos aquí brillan por su ausencia.

Lo que queda de mí es una novela sorprendente, que nos enseña que el mundo sigue girando cuando alguien se ausenta de nuestro lado. Que, probablemente, la mejor manera de recordar a un ser querido es vivir, vivir y amar.

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