viernes, 26 de abril de 2013

Pequeños laberintos masculinos, de Guillermo Arróniz



Esta recopilación de relatos, llegó a mis manos por casualidad.  El escritor, Guillermo Arróniz, reseñó mi novela "Lo que queda de mí", en la edición digital "El libre pensador".  Buscando información acerca de la "amable persona" (sí, sí, me sorprendieron sus más que alentadoras palabras) que había hablando tan positivamente de mí, descubrí que también escribía, ¡y además tenía una novela publicada!

Manos a la masa: busco "Pequeños laberintos masculinos", editado por Egales.  Lo compro, y me lo leo.

Reconozco que no soy muy dado a los relatos cortos.  En ocasiones, alguna de las historias se me quedan cortas y otras, en cambio, se me hacen largas.  En su caso, me ha gustado mucho el que dentro del laberinto, haya plasmado desde el más básico instinto de la atracción sexual, culminando en varias escenas íntimas sin que llegue a ofender, hasta Ángeles de la Guarda.  Nos encontramos desde efímeros y placenteros revolcones  hasta la máxima de platónicos que condicionan la vida de los personajes.  

Sabe conjugar la riqueza del lenguaje con su narrativa, fresca, nada rebuscada y un cierto toque de nostalgia que, facilita la lectura.

Es cierto que en las Comunidades Autónomas monolingües, tienen la ventaja de que un segundo idioma no se solapa, ni con barbarismos, ni con localismos adaptados.  Es una gran ayuda, y se nota en su escritura.  No intenta deslumbrar con un registro altísimo de vocabulario y, yo, lo agradezco, pues la lectura me puede llegar a cansar si cada dos por tres tengo que estar buscando en el diccionario.

A medida que los relatos van pasando página, te vas sumergiendo en el hilo de historias un poco más complejas, pero, el resultado, es una interesante y recomendable lectura.

Bajo mi punto de vista, Arróniz, afortunadamente se desmarca dentro de una temática que, por suerte o desgracia, cada vez se va convirtiendo más en porno light.  Él, califico de mi obra para un "colectivo de gays castos", cosa que me hizo sonreír.  Entendí tal afirmación tras leer el primer relato de su libro, pero, para mi sorpresa, y a medida que iba metiéndome en el Laberinto, dejé mis prejuicios sobre escenas íntimas para disfrutar de una lectura y, una parte de las relaciones que, sin duda, están ahí.  Por mucho que yo no las narre.

Nada ofensiva y altamente recomendable.

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