miércoles, 5 de junio de 2013

El aliciente de narrar una historia

En el año 1986, cursando mi último año de EGB, la profesora de Catalán nos propuso escribir una redacción para participar en el los Juegos Florales "Paraules al vent".  Yo casi no hablaba en catalán, por lo que con ayuda de mis compañeros de clase y sus correcciones, pude terminar mi trabajo.

Se tituló "El meu diari" ("Mi diario"), y la historia trataba de un niño de 13 años, Gerard, que se contagiaba de VIH al recibir una transfusión, ya que era hemofílico.  Anotaba su día a día en un diario, comentando su aislamiento por parte de su entorno hasta que conoce a una chica con el mismo problema.  Deja de sentirse un infectado (recordemos que en aquella época, los seropositivos eran tratados peor que los leprosos de la India).  La última anotación en el diario, la escribía el padre, criticando la reacción de la sociedad que les había hecho el vacío, permitiendo que su hijo muriera sintiéndose culpable por algo de lo que ni siquiera sabía.

Desde un buen momento, la profesora se sintió fascinada con la historia y me dijo, convencida, de que ganaría un premio.  No hice caso, total, ¿a quién le interesaría mi historia?

Recuerdo que la entrega de premios fue en el pueblo de Camallera, en el teatro, y cuando dijeron mi nombre y me entregaron el diploma junto a varios libros, estuve alucinando por varios días.

Fue un gran aliciente para seguir escribiendo, y de hecho, es algo que siempre me ha acompañado durante todos estos años, pero, no sería hasta 2007 cuando terminé mi primera novela.  Pensaba que era difícil crear una historia interesante, con un buen hilo conductor y, sobre todo, enlazar absolutamente todos los detalles en el capítulo final... y no, vamos, no es que fuera fácil, pero no me resultó tan difícil.

Lo que no imaginé fue que con el tiempo, una segunda novela siguiera llamando la atención del lector y en especial, tras ganar el premio con "Lo que queda de mí".

Sí, todas las historias tienen sus lectores, y éstos, saben agradecer que les entretengas e incluso que hagas volar su imaginación, que se enamoren en la historia y vivan las mismas experiencias que los protagonistas.  Sin duda, es lo más reconfortante de todo y, en mi caso, hace que valga la pena pasarme tantísimas horas delante de la pantalla.

Puede que guste más, o que guste menos, pero, estar presente en la vida de tantísima gente, es lo más gratificante que le puede pasar a un escritor.







1 comentario:

  1. La primera no la leí pero puedo asegurar que con la segunda, "lo que queda de mi"; he descubierto una ternura increible en el autor. Saludos y no dejes de escribir...

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